Lo que descubres cuando te obligas a escribirlo.
Llevaba tres meses queriendo tener una conversación.
Una sola conversación.
Cada noche pensaba:
“Mañana.”
Cada mañana:
“Todavía no.”
Doscientas veces en su cabeza.
Cero veces por escrito.
Y eso importa.
Porque pensar algo y escribirlo
no es lo mismo.
En tu cabeza, un pensamiento puede seguir cambiando.
Puedes suavizarlo.
Puedes buscarle una explicación mejor.
Puedes decirte que todavía lo estás pensando.
Aunque, en realidad,
solo estés evitando hacer algo.
Escribe.
Elige algo que llevas evitando.
No tienes que resolverlo.
Todavía no.
Escríbelo exactamente como está ahora en tu cabeza.
Sin editarlo.
Sin hacerlo razonable.
Sin intentar que suene bien.
Solo escríbelo.
Mira.
Vuelve a leerlo.
Y busca esto:
¿Qué sabes de verdad?
¿Qué estás suponiendo?
¿Qué temes que pueda pasar?
¿Qué te estás diciendo que necesitas
antes de poder actuar?
Él pensaba que necesitaba el momento perfecto.
Pero, al escribirlo, apareció otra cosa:
“Tengo miedo de que me diga que no.”
Ese era el problema.
Y era un problema distinto.
Decide.
No decidas todo.
Decide una cosa.
¿Qué puedes decidir ahora
con lo que ya sabes?
Escríbelo.
No la decisión perfecta.
La siguiente decisión.
Haz.
Abre idazery.
Escribe lo que llevas evitando
en el día de hoy.
Después termina esta frase:
“Porque he decidido esto, hoy voy a…”
Complétala con algo que puedas hacer de verdad.
Él envió el mensaje.
No la versión perfecta.
La sincera.
Tardó cuatro minutos en escribirlo.
Lo llevaba evitando desde junio.
Eso es lo que una página puede hacer
y tu cabeza no:
dejar menos espacio
para seguir negociando contigo mismo.
Nos vemos el próximo domingo,
Jesús
idazery.com